COMUNIDAD CATOLICA SAN PABLO


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Lectura del Dia

Agosto 1 del 2012


Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Jeremías (15, 10. 16-21)¡Ay de mí, madre mía! ¿Por qué me engendraste para que fuera objeto de pleitos y discordias en todo el país?A nadie debo dinero, ni me lo deben a mí, y sin embargo, todos me maldicen. Siempre que oí tus palabras, Señor, las acepté con gusto; tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque yo defendía tu causa, Señor, Dios de los ejércitos.No me senté a reír con los que se divertían; forzado por tu mano, me sentaba aparte, porque me habías contagiado con tu propia ira. ¿Por qué mi dolor no acaba nunca y mi herida se ha vuelto incurable?¿Acaso te has convertido para mí, Señor, en espejismo de aguas que no existen?Entonces el Señor me respondió:"Si te vuelves a mí, yo haré que cambies de actitud, y seguirás a mi servicio; si separas el metal precioso de la escoria, seguirás siendo mi profeta. Ellos cambiarán de actitud para contigo y no tú para con ellos. Yo te convertiré frente a este pueblo en una poderosa muralla de bronce: lucharán contra ti, pero no podrán contigo, porque yo estaré a tu lado para librarte y defenderte, dice el Señor.Te libraré de las manos de los perversos, te rescataré de las manos de los poderosos".Palabra de Dios.Te alabamos, Señor.


Salmo Responsorial

Salmo 58

Me alegraré, Señor, por tu bondad.Dios mío, líbrame de mis enemigos, protégeme de mis agresores; líbrame de los que hacen injusticias, sálvame de los hombres sanguinarios.Me alegraré, Señor, por tu bondad.Mira cómo se conjuran contra mí los poderosos y esperan el momento de matarme. Sin embargo, Señor, en mí no hay crimen ni pecado; sin culpa mía, avanzan contra mí para atacarme.Me alegraré, Señor, por tu bondad.En ti, Señor, tendré fijos los ojos, porque tú eres mi fuerza y mi refugio. El Dios de mi amor vendrá en mi ayuda y me hará ver la derrota de mis enemigos.Me alegraré, Señor, por tu bondad.Yo celebraré tu poder y desde la mañana me alegraré por tu bondad, porque has sido mi defensa y mi refugio en el día de la tribulación.Me alegraré, Señor, por tu bondad.




Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Mateo (13, 44-46)
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud:"El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra".Palabra del Señor.Gloria a ti, Señor Jesús




Sobre las Lecturas de hoy...

En nuestra época, en que los reyes evocan más un pasado remoto que una realidad actual, sería bueno preguntarnos, ¿qué sentido tiene todavía hablar del «Reino de Dios»? La Biblia nos da una pista importante. Cuando Israel era un conjunto de tribus, cada una con sus propias formas de organización, se consideraba que Dios era el único rey que gobernaba las tribus mediante su Alianza. Con el paso del tiempo y el crecimiento numérico de las tribus se terminó designando un rey, pero en todo pueblo quedó la conciencia de que este elegido era un segundo al mando, porque el rey seguía siendo Dios. En la época de Jesús la idea del rey davídico era ya solo una ilusión; Israel estaba gobernado por un rey mestizo, que se había aliado con los invasores romanos. Por eso era tan fuerte el deseo de tener únicamente a Dios por rey. Jesús recupera ese ideal y con él designa esa capacidad que tiene el ser humano, en su individualidad y en su colectividad, para gobernarse de acuerdo a los principios del amor solidario, la justicia y la libertad. - Dios gobierna nuestra realidad cuando optamos por una vida digna y plena para todos.La página de hoy en la primera lectura es estremecedora, para Jeremías y tal vez para nosotros, en algún momento de nuestra vida. Él se queja hasta de haber nacido («ay de mí, madre mía, que me engendraste»). Ya desde joven intentó ser fiel a la voz de Dios («tus palabras las devoraba, tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón»). Por su vocación profética renunció a los amigos y a la vida fácil en su pueblo («no me senté a disfrutar con los que se divertían»). Pero hay momentos en que el mejor creyente, también uno que tiene vocación de profeta, se ve asaltado por dudas y oscuridades, y su entusiasmo se agota, y se cansa de ser bueno y de luchar contra corriente. Tal vez llegue, como Jeremías, a dudar de si en verdad Dios le llamaba, si Dios existía, si estaba o no cerca, o se trataba de «espejismos», «un arroyo engañoso, de aguas inconstantes». La vocación cristiana no es siempre fácil. Hay días en que nos asalta el desánimo. Por problemas de fuera o de dentro. Son momentos en los que nos sale del alma la oración: «líbrame, Dios mío, líbrame de los malhechores, mira que me están acechando... porque tú, oh Dios, eres mi alcázar... yo cantaré tu fuerza, por la mañana aclamaré tu misericordia». Tendremos que oír, una vez más, la palabra serenante de Dios: «estarás en mi presencia... lucharán contra ti y no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte y salvarte». Eso sí, en nuestra fidelidad a Dios debemos seguir sus caminos, y no, los del mundo: «que ellos se conviertan a ti, no te conviertas tú a ellos». En los momentos de duda, nos salva la oración. Una oración a veces dramática, como la de Jeremías. O como la de Jesús: «aparta de mí este cáliz... ¿por qué me has abandonado?... pero no se haga mi voluntad, sino la tuya».






TOMADO DE LA LECTURA DEL DIA


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